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Bebestilo mes a mes

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Yo mataré monstruos por ti y otros libros infantiles

Matare monstruos por ti Santi Balmes
Ya otra vez con Instagram creando necesidades. Este verano ha sido “demasié”. Entre que me quiero ir de viaje igual a China que a Positano que a California que a Zahara de los Atunes y a mil sitios más después de vivir los viajes de muchísima gente a través de IG, que me quiero comprar todos los tocados de Lucía Be, las slipperinas de Muitt y toda la tienda enterita de Olivia Soaps y que veo fotos para hacer por todas partes y tengo a mi marido frito de tantos “un segundo, que voy a hacer una foto”, esto empieza a ser preocupante.

Mis últimos “antojos” han sido libros infantiles. Debe ser que no tenemos bastante con nuestra mítica estantería Billy de Ikea llena de cuentos. Debe ser. Porque ver una foto de Jessica Davey enseñando el cuento de The Selfish Crocodrile y querer comprárselo a mis niños al instante.



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Verano sobre ruedas

Weeride Copilot - Iimo - Mini micro scooter - Bebestilo (bicicletas para niños, patinetes para niños)

Ya están aquí los días de sol y tardes al aire libre, y en Bebestilo somos adictas a todas las versiones de ruedas: dos, tres ¡o las que hagan falta! A ellos les encanta esa sensación de velocidad y “riesgo”, y a nosotras que se acostumbren a hacer ejercicio desde que son pequeños y que se cansen, ¡sobre todo que se cansen! ;)

Por si andáis en busca de ideas, aquí os dejamos nuestras opciones preferidas:

UNO / Co-pilot de Weeride: ¡todo un inventazo! Perfecto para paseos largos o niños que aún no se han animado a dejar el ruedín atrás.

DOS / Triciclo iimo: la solución perfecta para niños aún pequeños, o para los que quieren ser independientes pero aún hay que llevarlos controlados.

TRES / Patinete micro scooter, el gran triunfador en nuestras casas por lo fácil que es de utilizar y lo divertido que les resulta, ¿lo habéis probado?

Nosotros lo tenemos claro: pasaremos un fin de semana sobre ruedas, ¿y vosotros?

¡Feliz viernes a todos!

-Mar y María



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Sí, yo también tengo un hijo inconsciente

Niños inconscientes - Bebestilo

Y a las pruebas me remito. Así se pasa el día. Saltando por todos los rincones de la casa, sin miedo ninguno, sin cuidado ninguno, sin aprender la lección cada vez que se cae y se hace daño. Y no sólo es un gran saltarín. También va en su patinete por la calle a toda velocidad y en plan kamikaze, llevándose por delante a todas las señoras que se encuentra a su paso, directo a la carretera sin importarle los coches que pasan a toda velocidad. Bueno, y cómo esas mil más. Para qué os voy a contar que no hace mucho casi se nos pierde en el Retiro, o que el día que me inducían el parto de su hermana Adriana mi marido acabó en Urgencias en un hospital con él mientras yo llegaba tarde a otro para la inducción. Total, que ya no sé qué hacer con él, y pronto empezamos…

A sus 2 años y 8 meses he probado distintas “técnicas”:

1) Le he explicado los riesgos, que en esta vida no se puede ser tan loco, que tiene que tener cuidado. Resultado = 0;

2) Le he reñido, le he “amenazado” con no ir a sus sitios favoritos y me he enfadado con él. Resultado = 0;

3) Le he castigado en la trona (que no le gusta porque no es libre para seguir haciendo el inconsciente, claro) Resultado = se baja de la trona y a inventar otra vez;

4) Le he rogado, implorado, me lo he intentado camelar… pero nada, él es inquieto, sonríe y me dice que va a ser bueno y me vuelve a camelar él a mí con sus ojitos traviesos, en los que se ve que ya está planeando la próxima jugada (porque listo es un rato el niño)…

Que sí, que es un niño, y es inquieto, y tiene que jugar y saltar y correr. Pero digo yo, que mejor si no se queda por el camino y tiene un poquito más de cuidado, ¿no?

Así que ahora yo pregunto: ¿alguien más está en el club de las madres anónimas de hijos inconscientes? ¿tenéis alguna poción mágica o idea brillante que darme para intentar “domar” al saltarín inconsciente que me ha tocado por hijo?



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Esos pequeños bichitos

piojos-bebestilo-nitview-pelo

Octubre. El cole apenas había empezado y la profesora de mi hija mayor, de 4 años, manda una nota a todos los padres: “Revisad cabezas. Parece que hay piojos en clase”… ¿Piojos? ¿Y cómo sé yo como es un piojo, si no he tenido piojos en mi vida?, me pregunto. Obediente, busco atenta en su pequeña cabecita. Busco bolitas redonditas negras microscópicas, que es como los imagino, y por supuesto con ojitos saltones y una gran sonrisa (supongo que de verlos en alguna serie de dibujos en algún momento de mi vida).

Ni rastro. Mi niña no los tiene. Además no se rasca la cabeza. ¿O sí? Porque es oir “piojos” y debe ser psicosomático, porque ahora me la rasco hasta yo. Unos días después voy a cortarme el pelo a la peluquería: “No te lo puedo cortar”, me dice la peluquera. “Tienes liendres en el pelo…” (liendres, también conocidas como babypiojos) ¿¿¿Quéeeeeee??? ¿¿¿Yoooo??? Y así conocí a esos pequeños bichitos. Aparentemente mi hija sí se rascaba la cabeza. Y parece que sí tenía piojos. Y ya me los había pasado también a mí :S. Volví a buscar, esta vez armada con la mejor liendrera que pude encontrar. Y no eran bolitas microscópicas como yo imaginaba. Eran auténticos bichos de casi 4 ml con muchas patas y aspecto amenazante… 



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Cómo recuperar los juegos tradicionales de siempre

Tragabolas - Juegos Tradicionales - Bebestilo

Que el parchís y la oca son juegos de los de toda la vida, no lo discute nadie. Pero si rebuscáis bien en vuestra memoria, seguro que más de uno recuerda ese tablero azul con hipopótamos de colores que abrían la boca sin descanso para tragar cuantas más bolas posibles… sí, sí, esas bolitas rojas que parecían cobrar vida propia y que cuando creías dentro de la boca de tu hipopótamo salían a traición para irse a la del hipo de enfrente. ¿Os acordáis? ¡La de horas que habremos pasado jugando a ese juego mis hermanos y yo!

Reconozco que el otro día cuando vi a mi sobrino sacar la caja del tragabolas me hizo mucha ilusión, ¡estaba convencida de que ese juego ya no existía! Y ver jugar a los tres primos como cuando nosotros éramos pequeños me hizo sentirme mayorcísima por un momento (hoy es mi cumple, ¿será que de verdad me hago mayor? Jajaja), aunque se me pasó rápidamente al ver cómo disfrutaban juntos y sus piquecillos porque el suyo había tragado más o menos bolas.  



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