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Bebestilo mes a mes

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Sí, yo también tengo un hijo inconsciente

Niños inconscientes - Bebestilo

Y a las pruebas me remito. Así se pasa el día. Saltando por todos los rincones de la casa, sin miedo ninguno, sin cuidado ninguno, sin aprender la lección cada vez que se cae y se hace daño. Y no sólo es un gran saltarín. También va en su patinete por la calle a toda velocidad y en plan kamikaze, llevándose por delante a todas las señoras que se encuentra a su paso, directo a la carretera sin importarle los coches que pasan a toda velocidad. Bueno, y cómo esas mil más. Para qué os voy a contar que no hace mucho casi se nos pierde en el Retiro, o que el día que me inducían el parto de su hermana Adriana mi marido acabó en Urgencias en un hospital con él mientras yo llegaba tarde a otro para la inducción. Total, que ya no sé qué hacer con él, y pronto empezamos…

A sus 2 años y 8 meses he probado distintas “técnicas”:

1) Le he explicado los riesgos, que en esta vida no se puede ser tan loco, que tiene que tener cuidado. Resultado = 0;

2) Le he reñido, le he “amenazado” con no ir a sus sitios favoritos y me he enfadado con él. Resultado = 0;

3) Le he castigado en la trona (que no le gusta porque no es libre para seguir haciendo el inconsciente, claro) Resultado = se baja de la trona y a inventar otra vez;

4) Le he rogado, implorado, me lo he intentado camelar… pero nada, él es inquieto, sonríe y me dice que va a ser bueno y me vuelve a camelar él a mí con sus ojitos traviesos, en los que se ve que ya está planeando la próxima jugada (porque listo es un rato el niño)…

Que sí, que es un niño, y es inquieto, y tiene que jugar y saltar y correr. Pero digo yo, que mejor si no se queda por el camino y tiene un poquito más de cuidado, ¿no?

Así que ahora yo pregunto: ¿alguien más está en el club de las madres anónimas de hijos inconscientes? ¿tenéis alguna poción mágica o idea brillante que darme para intentar “domar” al saltarín inconsciente que me ha tocado por hijo?



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Un paseo más divertido con iimo

triciclo niños iimo bebestilo

Que no, que no, que Adriana todavía no ha llegado… 40+6 hoy… pero bueno, mañana la tendré en brazos sí o sí, ya que o me pongo de parto hoy (permitidme que lo dude) o mañana me inducirán el parto. Bueno, pues a lo que iba… que antes de quedarme fuera de combate por unos días quería hablaros de iimo, un triciclo de diseño japonés que nos propusieron probar y que ha cambiado nuestros paseos los sábados y domingos por la mañana.

La verdad es que Mar, mi hija mayor, nunca se quejó del carrito. Pero claro, Jose ya tiene 2 años y medio y cada vez es más difícil que acepte ir en él, y más viendo cómo su hermana mayor va andando. Y lo entiendo, pero el enano es bastante (muy) inconsciente (eso os lo contaré otro día…), y le encanta ir andando y, sin previo aviso, salir corriendo (de hecho diría que es su especialidad). Y más de una carrera me he tenido que pegar con el “bombo” para cazarlo al vuelo antes de que llegue a la carretera en plan kamikaze; así que definitivamente tengo que salir con algo, sea el carrito o sea lo que sea, para poder sujetarlo un rato cuando ya no puedo más.

Y la verdad es que el triciclo iimo ha sido una gran solución. Ahora no sólo quiere subirse: se pelea con su hermana para ver quién es el que va a ir subido (y eso que ella ya es un poco mayor para el triciclo) y tienen que hacer turnos. Os cuento que nosotros ya teníamos un triciclo con mango que nos regaló la abuela el año pasado, pero la verdad es que el niño no podía darle a los pedales y llevarlo era un auténtico infierno, ya que era el niño quien giraba el manillar y la única solución para “enderezarlo” era levantar la rueda delantera del suelo y llevarlo en peso. El iimo, además de ser INFINITAMENTE más bonito (su diseño minimalista con un toque retro me parece chulísimo, y de hecho ganó un premio al mejor Diseño Infantil en 2010), soluciona este problema, ya que el mango de los padres hace girar las ruedas traseras, un mecanismo de control de la dirección que permite que seamos los papás los que controlamos la trayectoria.



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Watching someone you love

niños bicicleta copenhague

Me gusta observarles cuando se despiertan. Y cuando se acuestan. Me gusta observarles cuando me cuentan cómo les ha ido al cole. Me encanta quedarme mirando cuando juegan entre ellos. Cuando tienen conversaciones como dos personitas mayores. Me gusta verles reir a carcajadas. Pero confieso que también me gusta observar sus caritas cuando lloran. Cuando se enfadan. Cuando se sorprenden. Me gusta observarles cuando están a punto de quedarse dormiditos. Y me apasiona quedarme embobada viéndoles dormir. Me gusta observarles cuando descubren algo nuevo con cada pasito que dan, a cada minuto que pasa. Me gusta observarles a todas horas. Y me encanta mirar el mundo a través de sus ojos. Porque eso… eso no tiene precio. Ellos no tienen precio.

Os deseo un muy feliz fin de semana. Yo seguiré observándoles.

- Mar



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Cómo tener 2 años

Aquí os dejo un vídeo que me ha encantado que Gabrielle, de Design Mom, ha hecho de Flora June, la pequeña de sus seis hijos. Se trata de un día en la vida de una niña de 2 años y yo, que tengo una lagartijilla de 2 años igual de inquieta que esta, no he podido evitar morirme de risa viéndolo. ¡Espero que os guste!

-María



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Un fin de semana en la nieve con los niños

nieve y niños, lion hat

Aunque tanto mi marido como yo hemos tenido un mes de diciembre absolutamente tremendo de trabajo, el pasado puente de la Inmaculada nos liamos la manta a la cabeza y nos fuimos a pasar el puente a Sierra Nevada. Queríamos que los niños conocieran la nieve. En realidad, Mar ya debía ser experta en nevadas, dado que pasó su primer invierno en Nueva York y justo el año que estuvimos allí nos dijeron que hacía años que no nevaba tanto, pero claro, no se acordaba de nada. Lo cierto es que mi marido y yo fuimos con portátiles y blackberrys a cuestas, pero el trabajo tenía que esperar durante el día para poder disfrutar con nuestros pequeñajos del trineo y de las batallas de bolas de nieve… Una vez acostados nos tocaba volver a los contratos, etc, etc, pero sin duda el viaje y los momentos que pasamos allí con nuestros dos pequeños leoncitos merecieron las poquitas horas de sueño que tuvimos… No hay nada mejor que ver a tus hijos felices disfrutando de cada pequeña nueva cosa que viven. Uno vuelve a redescubrir el mundo gracias a ellos. 

Qué tengáis un buen día.

- Mar 



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